La confusión de la fusión en frio
Debido al gran apetito energético de la sociedad moderna, la búsqueda de una energía barata, limpia y renovable se ha convertido en una cuestión de supervivencia global.
Sin embargo, el sueño de encontrarla hasta ahora nos ha eludido. Las tecnologías solares, geotérmicas y eólicas no nos han llevado al punto donde necesitamos estar en cuestión de eficiencia, costo y beneficio. La búsqueda del santo grial energético persiste, y en las últimas décadas se ha hablado mucho de la fusión en frio.
En los años veinte, algunos científicos documentaron que ciertos metales más ligeros que el fierro (Fe), como por ejemplo el paladio (Pd), eran capaces de absorber hidrogeno (H) al punto de producir helio (He), probablemente debido a una reacción nuclear espontanea que increíblemente sucedía a temperatura ambiente, en un contexto de electrolisis. Aunque nunca pudieron realmente probarlo, esta noción abrió las puertas a la posibilidad de obtener energía a partir de dicha reacción; o por lo menos obtener helio, como lo expuso alguno de estos científicos al tratar de tramitar una patente que en esos tiempos le fue rechazada.
Ya en los años treinta, algunos de estos científicos continuaron experimentando con isotopos de hidrogeno como el recién descubierto deuterio y con agua pesada, sin despertar mucho interés en el resto de la comunidad científica, y no fueron sino los medios y hasta el 56, que finalmente acuñaron el
termino cold fusion. Pero debido a la inconsistencia de las mediciones y a veces la incapacidad tecnológica de medir bien, hubo un letargo en la investigación sobre el tema que duró hasta 1989.
La confusión de la fusión en frio
Fue entonces cuando la universidad de Utah sorprendió a todos con una solicitud de financiamiento ante el departamento de energía de los Estados Unidos. Los responsables: Martin Fleischmann y Stanley Pons. Decían que de su
experimento les resultaba un exceso de temperatura que solo podría venir de una reacción nuclear. Llegaron a llamarlos payasos de circo, pseudocientíficos. Eventualmente tuvieron que cambiar de país, y al final se rindieron; Fleishmann todavía pública. Querían un dineral, y pocos les
creían… Aun así, la universidad de Utah los apoyó hasta el último momento.
Desde entonces, una ola de avaros charlatanes mezclados entre los que seriamente hacían investigación al respecto, provocó una nube de recelo e incredulidad sobre el tema. A final de cuentas todo se tenía que sujetar a mediciones exactas, repetitivas e independientes.
Solo sigue el dinero
Nadie le dio mucha más atención al asunto, hasta que la gente empezó a ponerle dinero a la idea. Entre un mar de intentos fallidos y moralmente dudosos, emergió un equipo de científicos italianos: Andrea Rossi y Sergio Focardi, su ventaja, el uso del Níquel (Ni). Auspiciados por la universidad de Boloña, el equipo clama victoria al haber demostrado ante selectos invitados (armados con medidores de partículas de todo tipo) su nuevo aparato llamado E-Cat. Todos dispuestos a verificar la funcionalidad del pequeño reactor.
La medición de partículas gama, fotones y otras partículas subatómicas era resultado inequívoco de una fusión hidrogeno-níquel. Aun así, fue necesaria la visita de un equipo sueco que hizo una evaluación “más seria”, para que las corporaciones empezaran a pensar en invertir en esta tecnología.
Lo que hace diferente al E-Cat es que el superávit de energía es
más constante, ya que además del tratamiento nanotecnológico aplicado a la pulverización del níquel y el uso de isotopos estables del hidrogeno; Rossi y Focardi agregan un ingrediente secreto al que llaman catalizador, y el cual representa su ventaja comercial, su secreto industrial.
Están tan seguros de su exito, que su compañía llamada Leonardo Corp., ha firmado un contrato con la compañía Ampenergo, con quien pretenden distribuir en los Estados
Unidos, los primeros modelos comerciales de plantas de poder,
al inicio con unos cientos de watts de potencia, para eventualmente ofrecer capacidades medidas en mega watts. El proyecto incluye una mega fabrica en Grecia bajo la firma de Defkalion green technologies. Sin embargo, para separarse del fiasco en Utah, ya no llaman a esta tecnología cold fusion, sino reacción nuclear de baja energía o LENR por sus siglas en inglés (low energy nuclear reaction).
¿Competencia entre Universidades?
Nunca esta uno seguro su éxito, hasta que brinca un competidor. Auspiciado por la otra universidad italiana, la de Siena, el científico Francesco Piantelli clama que él no necesita “catalizadores”; su tratamiento nanotecnológico del níquel esta tan avanzado que su compañía Nichenergy ya se siente lista para cotizar en el mercado.
El resto de nosotros tendremos que poner mucha atención.